PÁRRAFOS CONSENTIDOS 9.- DOMINGO NAVARRO ORTIZ (II). METAMORFOSIS DEL SUEÑO.

Advertencia a posibles, aunque improbables, lectores: Tendrá más sentido si previamente se lee la entrada dedicada a Domingo Navarro Ortiz del año anterior, y si no, es igual, estos párrafos deberían tener sentido siempre salvo que no lo tengan, en cuyo caso su inclusión podría estar justificada por el hecho de ser sentidos.


... pero eso es lo que tienen los sueños...

Con esa frase empezaba a cerrar el texto que hace unos meses parió la necesidad de reencontrar a un amigo, a un exiliado de mi vida por estrategias que no intentaré justificar y que empiezo a asumir como propias de la especie ahora que el exiliado de otros soy yo mismo.

Lo bueno de los sueños es que suelen ser más verdad que los anhelos, a los que en la mayoría de los casos terminamos renunciando. Si el sueño es sincero, si de verdad lo sueñas, la vida tiene artificios suficientes para despertarte un día y ponerte de patitas en el escenario que elegiste para él, con una única condición: que seas tú quien trabaje para conseguirlo.

Reconozco que en varias ocasiones intenté que otros, no unos cualquiera otros sino unos concretos queridos otros, hicieran el trabajo. Tarde, pero eso ya es alguna vez, comprendí que sólo recuperaría a Domingo si era capaz de levantarme yo mismo e ir a su encuentro.

De alguna forma, este cuaderno electrónico no nació como mero capricho narcisista de un aspirante a mal escritor, sino como medio para concretar sueños. En particular éste que por fin dejó de serlo para pasar a la categoría de misiones cumplidas y relatos por continuar. Quizás ya no tenga más sentido una vez terminada esta tarea.

Una pista de la Universidad, una ex-compañera del ex-profesor que hizo un papel discreto y determinante, una llamada que confirmó las intuiciones, una carta de las de antes y, finalmente, su voz en el teléfono: Hola Antonio Luis, cómo estás, soy Domingo.

Ese es el proceso de metamorfosis del sueño en hecho.

Enero, víspera de reyes, había pensado llevar auriculares para el viaje, acaso algunos libros, uno para el trayecto, otros para una dedicatoria, una carpeta con algunos escritos míos como los que a Domingo le gustaba rescatar de mi papelera en Cartagena y que afortunadamente habrán sucumbido a alguno de sus traslados... Finalmente decidí llenar mis bolsillos con sólo manos y, cargado de recuerdos, subir al tren que ya sin salir de la estación me trasladó más de media vida hacia atrás.

Murcia del Carmen, Floridablanca, camino despacio mirando, oliendo. En el jardín se mezclan los antonioluises de cuatro o cinco años de la mano de su abuelo rumbo al inolvidable aroma del café del Victoria, el de los dieciocho devorando ansiedades por vivir vidas y vidas con un macuto al hombro y la ilusión tatuada en la mirada, y el de cuarenta y séis sorprendido de que a sólo una hora de casa uno pueda sentirse como en ese momento se siente.

Es temprano aún, así lo había planeado (siempre planeando ¿no podías dejar algo al azar este día?). Todo está en su sitio. Murcia ha decidido hacer un homenaje sorpresa a mis recuerdos o acaso es que todo sigue igual que hace casi treinta años.

Junterón y Los Vélez, Trapería, Santo Domingo. Tras un café en Zalacaín, sólo el café y sólo yo, ya es la hora.

En el Café del Arco espera Domingo. El encuentro es el previsto, con la salvedad de que él no ha cumplido años o quizás es que mi recuerdo ha ido madurando de la misma forma que él en la distancia. En cualquier caso es exactamente quién debería ser si hubiéramos quedado para tomar una caña a los dos días de la última vez que nos vimos, pero ocurre que han pasado veintitrés años desde entonces, yo he duplicado y más mi edad.

Nos resumimos las vidas. La suya un poco más larga por más interesante. La mía reducida a la mínima expresión por conocida para mi y por tener otras preferencias en ese momento. Y, enseguida, hablamos.  Volvemos a hablar, como antes, de lo humano (él sabe más), de lo divino (el sabe más) y muy brevemente de un terremoto (ahí gano yo) al que inmediatamente expulso de nuestra reunión  por no poder consentirle ser protagonista incluso en esta ocasión.

Minuto a minuto comprendo el porqué de mi empeño en recuperarlo. Me vuelvo a dejar llevar por la clarividencia de sus palabras, por su mente sin fronteras, por la bondad de su gesto, por la elegancia y amabilidad de su tono. Me encuentro bien escuchándolo, sin nervios ni malestares que hubieran sido previsibles. No intento aparentar nada, así soy libre, dedicado sólo a disfrutar del momento que tanto había soñado.

Y en algún punto del encuentro el tiempo se acaba, pero esta vez como se acaba entre quienes esperan volver a verse al día siguiente.
...

El mismo tren me vuelve a Lorca. En las manos, ahora sí, algo mejor que la nada de mi viaje de ida: "Como Una Presencia".

Tras la lectura de unos poemas en carne viva
entiendo la razón de la blancura de tantos folios en mi escritorio:

              Albañil
                         no tabicas un nicho
                         sino la mirada
                         de un niño.

...

Lorca. Noche de Magia. Cabalgata de reyes con los rostros de ilusión de mis tres pequeños duendes, y la expresión cómplice de María que sabe que voy a necesitar cierto tiempo para poder relatar, torpemente,  añado yo, este día.
           
                       ¿Bien?.
                        Bien, María, muy bien.


Acaba otro capítulo, en mi interior puedo escuchar sonidos de paz. Con el fin de la cabalgata empieza el turno de los sueños de los demás, el mío, tras la metamorfosis, ya desplegó sus alas.

.

Comentarios