PÁRRAFOS CONSENTIDOS 20. JAVIER ÁLVAREZ: MÚSICA Y ENCANTO.

Más de un año más tarde de decidir que no había mucho más que decir, recupero algo empezado hace años, porque siempre hay más que decir. Especialmente pensando en un muchachito que ya es más grande que yo y que disfrutó como nadie a mi lado de una velada de concierto mágica. Tú sabes quien eres, buenas noches campeón, no sabes cómo te quiero. Carlos también estuvo allí.



Lo estaba esperando.

La duda era entre Lluís Llach, Silvio Rodrígez o Hilario Camacho, posiblemente mis cantantes más míos.

Quizás ha sido la rivalidad dentro del universo privado de mis preferencias entre esos mitos la que ha impedido que, salvo las referencias a las Ítacas y otras experiencias rodeadas de la magia musical de Llach que si han estado rondando por estos modestos renglones, no haya sido capaz de decidir cual de ellos tenía que inaugurar, porque sin duda esto tenía que pasar, el primero de estos escritos que tuviera como protagonista a uno de mis intérpretes favoritos.

Sin embargo, una vez más la vida, que sigue saliendo los viernes por la noche de alterne, se ha entrometido en mi previsible rutina para desbaratarla, y yo, que siempre la espero, la he dejado hacer.

El protagonista no será ninguno de los del elenco anterior, sino alguien que no estaba en esta guerra y que ha aparecido por Lorca (Toledo para él) después de un buen montón de años: Javier Álvarez.

No pretendo hacer una crítica musical de su concierto de hace unos días, no sabría. De hecho no entiendo de música, al fin y al cabo sólo llevo toda mi vida escuchándola.

Bla, bla bla, bla...

Hay que ver cómo me gustaba darle a los dedos y a las vueltas hace unos años..., cuando escribía los párrafos de arriba. Cómo se nota que quería haber sido escritor...

Ya no.

En fin, aún me acuerdo de lo que quería decir:

Javier Álvarez me pareció, solo en su escenario, pero solo, solo, solo... música con forma humana,

Seis cuerdas de una guitarra donde sobran cinco: arpegios tocados de cuerda en cuerda, notas sin arpegiar tocadas de cuerda en cuerda, cada nota un mundo, minimalista, sobra el resto... y todo lleno de música...

Javier Álvarez. JA. Una experiencia, un placer. 

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