Favor por favor.
Una persona, de esas pocas que uno ha asumido como imprescindibles, por buena, por culta, por amable, por adorable, por, en fin..., persona, me pidió hace unos días que escribiera algo para el catálogo de una exposición colectiva de pintura con motivo del Día Internacional de la Mujer en la que él iba a participar. Su primera exposición después de toda una vida curando huesos ajenos. Su primera exposición después de dirigir millones de puntadas en seda en los mantos de su Paso Blanco.
Por supuesto le dije que sí. Aún ni sabía lo que me había pedido, pero a Santi Cruz uno siempre le dice que sí. Pida lo que pida. Y la verdad es que él pide tan poco... Santi es de los que dan. Siempre.
Yo de pintura no sé, aunque me gustaría porque me encanta. De hecho cada vez sé menos y cada vez me encanta más, así que decidí que en lugar de meterme en jardines en los que terminaría enredado entre zarzales le escribiría un relatillo de esos que salen solos, cuando uno les deja, donde fueran protagonistas todas la heroínas anónimas que pueblan nuestros pueblos, y a la vez la exposición dedicada a ellas en un lugar radicalmente mágico, nuestro lorquino Huerto Ruano, en el que tantas aventuras mágicas, vibrantes, sobrecogedoras, y ahora soñadas, pasé con catorce o quince añitos, hace mil doscientos treinta y cinco.
En el catálogo está publicado, pero lo pongo aquí porque esta es mi caja de poner palabras y párrafos consentidos, con sentidos.
Santi Cruz, espero que algún día yo pueda pintar con palabras la mitad de bien que tú pintas con tus pinceles. Te admiro, amigo.
Pd: ¿Favor por favor?... Si... A cambio le pedí que me hiciera el diseño de la carátula de un disco... Él lo ha hecho mejor que yo; he salido ganando... A continuación el texto del catálogo. Para vosotras, y para vosotros.
Una persona, de esas pocas que uno ha asumido como imprescindibles, por buena, por culta, por amable, por adorable, por, en fin..., persona, me pidió hace unos días que escribiera algo para el catálogo de una exposición colectiva de pintura con motivo del Día Internacional de la Mujer en la que él iba a participar. Su primera exposición después de toda una vida curando huesos ajenos. Su primera exposición después de dirigir millones de puntadas en seda en los mantos de su Paso Blanco.
Por supuesto le dije que sí. Aún ni sabía lo que me había pedido, pero a Santi Cruz uno siempre le dice que sí. Pida lo que pida. Y la verdad es que él pide tan poco... Santi es de los que dan. Siempre.
Yo de pintura no sé, aunque me gustaría porque me encanta. De hecho cada vez sé menos y cada vez me encanta más, así que decidí que en lugar de meterme en jardines en los que terminaría enredado entre zarzales le escribiría un relatillo de esos que salen solos, cuando uno les deja, donde fueran protagonistas todas la heroínas anónimas que pueblan nuestros pueblos, y a la vez la exposición dedicada a ellas en un lugar radicalmente mágico, nuestro lorquino Huerto Ruano, en el que tantas aventuras mágicas, vibrantes, sobrecogedoras, y ahora soñadas, pasé con catorce o quince añitos, hace mil doscientos treinta y cinco.
En el catálogo está publicado, pero lo pongo aquí porque esta es mi caja de poner palabras y párrafos consentidos, con sentidos.
Santi Cruz, espero que algún día yo pueda pintar con palabras la mitad de bien que tú pintas con tus pinceles. Te admiro, amigo.
Pd: ¿Favor por favor?... Si... A cambio le pedí que me hiciera el diseño de la carátula de un disco... Él lo ha hecho mejor que yo; he salido ganando... A continuación el texto del catálogo. Para vosotras, y para vosotros.
De vuelta a casa.
a.-La jornada larga; todos los días distintos, la rutina se
echaba de menos en las muchas horas de complicado trabajo.
b.- La jornada larga; todos los días distintos, la rutina se
echaba de menos en las muchas horas buscando ese trabajo necesario de urgencia.
c.- La jornada larga; todos los días distintos, la rutina se
echaba de menos atendiendo necesidades de quienes sin poder prescindir de ella
no dejaban apenas un minuto para dedicar a su propia vida.
Pero la jornada no acababa aún; la rutina se echaba de más en
las siguientes horas: al llegar a casa. Cansancio sobre cansancio, día sobre
otro día.
Entre los escasos pero infinitamente disfrutados momentos de
abstracción en su regreso a paso lento, premeditadamente lento, levantó la
vista del suelo y miró la rosaleda del Huerto Ruano una vez más; otro día más. De
momento solo tallos, la brotación estaba a punto. A María le encantaban las
rosas.
Entre las futuras rosas que su mirada buscaba y ella, un
cartel le recordaba la fecha del día que acabaría pronto: 8 de marzo, Día
Internacional de la Mujer.
La verja de entrada abierta, las luces del palacete
encendidas y el resto del cartel anunciando una exposición la despertaron de la
hipnosis cotidiana. La segunda rutina de ese día tendría que esperar: El hogar seguiría
en su sitio también una hora más tarde. Hoy se hará un regalo. Para ella. Solo ella.
Lentamente pasó entre los rosales desnudos. A izquierda y
derecha parecían saludar a quien todos los días desde el otro lado de la verja
los hacía existir con su mirada, nuestra María. Su paso se hizo tímido al
llegar a la escalinata de entrada. Cada escalón una rutina rota. Cada escalón
un trozo de su regalo.
No supo el motivo, tampoco lo sabe ahora, por el que se
transformó en un ser brillante entre siluetas ajenas a su momento: otros visitantes. El catálogo se materializó entre sus
manos, como en los sueños, porque sí.
“Miradas
Ocho de marzo
Heroínas a través
del tiempo”
Cuadro a cuadro María se sintió protagonista. María se sintió
reconocida. María se sintió color. María se sintió luz.
María, disuelta entre pinturas, se supo querida por los
pinceles, por quienes los empuñan, por quienes se recrean en la obra acabada.
¿Heroína? No piensa en ello. Dilo tú.
Ella se siente solo mujer, y hoy es
feliz con su regalo.
Sale
del Huerto Ruano pensando en volver.
Sale
entre sus rosales que le piden que vuelva.
Antonio Luis Páez
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